Construir rápido, económico y bien, sin ladrillos ni cemento [Clarín Arq.]
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El ladrillo ya fue, pero casi nadie lo sabe

Tiene muy bajo nivel de aislación para la humedad, frío y calor. Hoy se utilizan los paneles con lana de vidrio, más baratos.

Fui el último en llegar a la parrillita de los sábados, a la que vamos después del partido. Por eso no sabía de qué estaban hablando. Cuando me acerqué, Gastón decía: “Lo que pasa es que el argentino es muy conservador”. Me pareció raro que estuvieran hablando de política porque habíamos quedado que el tema no se toca para conservar la integridad del grupo. Pero más raro me pareció que Gastón se hiciera el revolucionario cuando es más de derecha que la palanca de cambios.

“Al argentino le gusta el ladrillo, pero el ladrillo ya fue”, agregó y me dio una doble satisfacción: no hablaba de política y me dejaba la pelota picando para un tema que me apasiona. “Sí, tiene razón el Gato –dije, antes de sentarme–, la pared de ladrillo no es la mejor para hacer una casa, es cara, lenta de construir y no aísla bien”. Esperé un aluvión de críticas pero ni bien terminé de hablar me di cuenta que Nacho bostezaba, Manteca miraba para otro lado y el Gallego manoteaba la panera con desgano. Es de gusto, los temas de construcción no le calientan a nadie.

Pero Gastón estaba obsesionado y, para seguirme la corriente, soltó: “Hoy una pared de estructura metálica bien aislada se construye más rápido y es más eficiente que una de ladrillo”. Sin sacarle la mirada de los ojos, el Gallego le espetó: “A mí me das una pared que suene a sólido, no una que la golpeas y parece un tambor”. Ahí nomás, Manteca empezó con eso de que casas eran las de antes, como la de su abuelo, con techos altos y paredes de un metro de ancho de ladrillo macizo. “Esas casas duraban un siglo, quiero ver los departamentitos de ahora dentro de 10 años”, soltó divertido. Fue mi momento para sacar estadísticas sobre la construcción en seco, la durabilidad de los materiales y los costos. Empecé demoler el argumento de Manteca hablando de la humedad, la iluminación y la funcionalidad de las casas viejas. Después, arranqué que una pared tipo steel-framing puede aislar el doble que la mejor pared de ladrillos y cuesta la mitad.

“A mí dejame de tecnología –agregó Nacho–, los ladrillos son los ladrillos. Son como los ravioles caseros, una institución”. Ahí, saltó Gastón: “Qué ravioles caseros ni ravioles caseros, si vos no comés ravioles caseros hace 35 años. Ya no existen los ravioles caseros ¿Quién amasa en tu casa?”. Nacho se sintió tocado y empezó a hablar de los tallarines de la Nona, de la comida tradicional y arremetió contra el fast food.

Ya me había dado cuenta que el tema no daba para más, pero Gastón volvió a la carga: “¿Sabés la plata que se ahorraría si las paredes fueran bien aislantes? En un informe del INTI que me dio mi cuñado dice que el país podría ahorrar más de un 43% de energía si las casas estuvieran bien hechas”, dijo y sacó un pilón de hojas del bolso. “¡Pará, enfermo! ¿Querés que hagamos un simposio de construcción mientras comemos un choripan?”, soltó Nacho, pero Gastón siguió con el tema del ahorro y lo mal que se gasta la energía por culpa de paredes y techos mal aislados.

Mientras hablaba, agarré el informe del ingeniero Volantino y del arquitecto Bilbao y, con los datos en la mano, me animé a hablar. “¡Paren, paren! –Corté–, acá está bien clarito: la mayoría de las paredes de ladrillo que se usan en la Argentina no sirven. Una pared común de ladrillo hueco de 12 centímetros tiene una aislación de 0,23 y agregándole cinco centímetros de lana de vidrio alcanza a aislar 1,92, es decir: ¡mejora en un 87%!”, expliqué eufórico. El Gallego masticaba los riñoncitos, Nacho servía vino y Manteca pedía más ensalada y papas fritas.

“¡Che! –grité–, esto es importante, es energía no renovable que tiramos a la marchanta”. Gastón asentía con la cabeza pero el resto estaba más divertido repartiéndose las achuras que hablando de sustentabilidad. Ya me estaba por dar por vencido cuando leí en el informe que la Ley 13.059 de la Provincia de Buenos Aires obliga a que las nuevas construcciones tenga valor uno de aislación térmica. “Ven, ven, ninguna pared de ladrillo cumple con la norma”, grité cuando todos ya estaban en otro tema. “Quedate tranquilo Miguel –me dijo el Gallego–: todo tu problemita con la aislación se va a acabar con el calentamiento global”, y se largó a reír con todos los demás. Me pareció que iba a pensar que era un plomo si le decía que la aislación es igual para invierno que para verano. Y que hoy, que un aire acondicionado es tan común como una heladera, una buena aislación puede ahorrarte hasta el 60% de la factura de electricidad. Me resigné, todos se lanzaban sobre las tiras de asado, sonreí y me uní a la manada.

Autor:

Miguel Jurado * Editor Adjunto ARQ

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